Por: Wellington Toapanta
La operación judicial y militar estadounidense ‘Resolución Absoluta’ que apresó a Nicolás Maduro y Cilia Flores por presunto narcoterrorismo y otros cargos, desencadenó cínicas reacciones en varios países y conmoción en sospechosas estructuras narcopolíticas.
Cinismo, descaro, impudor, mostraron quienes condenaron presuntos irrespetos al derecho y paz internacional, sin inmutarse por la cruenta invasión a Ucrania, los incesantes asedios a Taiwán, el sostenimiento del terrorismo fundamentalista.
La frescura mostró un ‘análisis’ del suceso de Maduro, en el que dijo que este acelera entender que la ONU, el Consejo de Seguridad, la OEA, la Celac, cada vez lucen decorativos e incapaces de regular conflictos, certeza, por cuya inacción ellos mismos actúan impunemente.
Si esos organismos, la Interpol, la Corte de la Haya, fuesen activas, ya habría procesado y sentenciado, por ejemplo, a sindicados por crímenes de lesa humanidad, como el atacante de Ucrania y el ahora capturado en Caracas.
Parece sorprendente, que el proceso judicial contra Maduro y Flores presida Alvin Hellerstein, judío ortodoxo de 92 años, quien, en su despacho, tiene desplegada una cita del Torá: “Justicia, justicia perseguirás”.
Proceso, en el cual, a los juzgadores no les será difícil desechar la autoidentificación de Maduro de presidente venezolano, porque jamás se verificó el respectivo escrutinio electoral; observadores nacionales e internacionales no aprobaron resultados, se denunció fraude.
En proceso están casos por presunto narcoterrorismo, sumaría usurpación de funciones públicas, los que conmocionan a los grupos de Sao Paulo, Puebla y relacionados, a la narcopolítica que agita Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Chile, donde puja para escalar espacios de poder. No será fácil redimir Venezuela, porque sus estructuras estatal y social ominosas fueron montadas en 25 años, como la ecuatoriana en 10, a nombre del inefable “Socialismo del Siglo XXI”. Paciencia.










