Interrogantes y expectativas para 2026

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Y ya estamos en el 2026. ¿Qué nos deparará a los ecuatorianos este año? Hay un sinfín de interrogantes al respecto, en el plano personal, familiar, institucional, nacional y mundial.  ¿Se ventilarán los casos de corrupción que han conmovido la conciencia ciudadana? ¿Cuáles serán sus consecuencias en lo político o en la moral púbica? ¿Se correrá el velo que cubre el rostro de algunos jueces, políticos, policías y más ratas implicados en los vergonzosos episodios de este tristemente célebre capítulo de nuestra historia? ¿Serán desenmascarados, finalmente, los autores intelectuales del asesinato de Fernando Villavicencio?

Pero hay más interrogantes y expectativas. ¿Qué de la deuda externa e interna, qué del empleo y desempleo? ¿Qué de la seguridad, la productividad, la estabilidad económica, en definitiva, la democracia en todas sus dimensiones como eje del accionar político…? ¿Y qué decir de las drogas y el terrorismo internacional? ¿Qué de la trata de personas? Sobre todo, ¿qué de los niños del mundo privados de la alegría de la infancia a causa del hambre, de las guerras y del egoísmo de los adultos.? Y hasta no faltará alguien que se pregunte ¿cuál será el papel que desempeñaremos en el Mundial del 2026?

En todo caso, más allá de las expectativas que tiene el pueblo para el nuevo año, más allá de la confrontación y manipulación políticas que puede ponerse al rojo vivo en el 2026, en estos primeros días del año, es la ocasión para formular los mejores propósitos para nuestras vidas y para la patria; para que hoy y siempre nos llenemos de vitalidad, optimismo, y fortaleza para enfrentar exitosamente los desafíos del 2026 que se perfila como un punto de inflexión cargado de interrogantes que trascienden fronteras, ideologías y sectores sociales. La incertidumbre, lejos de ser un obstáculo, se convierte en un termómetro de las expectativas colectivas frente a un mundo que busca redefinir su rumbo tras años de tensiones políticas, desafíos económicos y transformaciones tecnológicas aceleradas.

Así, 2026 se presenta como un año de decisiones trascendentales. Las interrogantes que hoy nos acompañan no deben paralizarnos, sino impulsarnos a la acción. De las respuestas colectivas que se construyan dependerá que las expectativas se transformen en realidades y que el futuro deje de ser una promesa incierta para convertirse en un proyecto compartido.

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